El Instituto Jesús Niño celebró el pasado viernes 21 de agosto los 33 años de trayectoria de su Taller de Folklore, con una jornada que reunió a estudiantes, docentes, exprofesores, familias e invitados especiales para recuperar la historia de un espacio que, a lo largo de más de tres décadas, convirtió las tradiciones argentinas y regionales en una experiencia de aprendizaje, encuentro e identidad.
Bajo la consigna “33 años sembrando identidad y tradición”, la celebración se desarrolló en dos momentos. En primer término tuvo lugar un acto académico, pensado especialmente para reconocer el camino recorrido y a quienes fueron protagonistas de la historia del taller. Posteriormente, la comunidad educativa compartió una Peña Folklórica, donde la música y la danza permitieron expresar sobre el escenario aquello que durante tantos años se ha transmitido entre generaciones.
Un reconocimiento a la historia construida
El acto académico comenzó con las palabras de bienvenida del Equipo Directivo y la presentación de los invitados, entre quienes ocuparon un lugar especial los exprofesores vinculados al Taller de Folklore.
La ceremonia incluyó la entrada de las Banderas de Ceremonias, un momento de oración y la interpretación del Himno Nacional Argentino y Misionerita, con la participación de la Banda Municipal. También se compartieron palabras alusivas a cargo de docentes de folklore y se realizó una entrega de recordatorios como reconocimiento a quienes contribuyeron a construir y sostener este espacio a lo largo de los años.
La presencia de quienes formaron parte de distintas etapas del taller permitió que la celebración trascendiera el aniversario para convertirse también en un ejercicio de memoria institucional. Recordar a los primeros docentes, a los estudiantes que pasaron por sus clases y a las familias que acompañaron cada propuesta permitió reconstruir colectivamente una historia que forma parte de la identidad educativa del Jesús Niño.
La Banda Municipal acompañó además este primer momento con interpretaciones musicales, entre ellas “Posadeña Linda”, sumando a la celebración una expresión especialmente vinculada con la cultura y la identidad local.
Un taller que nació junto con los primeros pasos de la escuela
La historia del Taller de Folklore está estrechamente relacionada con los primeros años de la Escuela Primaria del Instituto Jesús Niño. En 1992, con la implementación de la modalidad de doble jornada, comenzaron a incorporarse durante el turno tarde diferentes propuestas artísticas.
Fue en ese contexto donde el folklore empezó a ocupar un lugar particular dentro de la formación de los estudiantes, junto con espacios como Música y Plástica. Desde entonces, la propuesta buscó acercar a los niños al conocimiento y disfrute de la cultura nacional, sin perder de vista las expresiones propias de la región.
Una de las primeras profesoras del taller, Cristina, sintetizó aquella concepción educativa en una frase que continúa conservando vigencia: “No se puede querer lo que no se conoce”.
Esa idea permitió comprender al folklore mucho más allá del aprendizaje técnico de una danza. Conocer las raíces culturales significó también aproximarse a canciones, relatos, leyendas, comidas, juegos, costumbres y formas de encuentro que forman parte de la memoria colectiva.
El folklore como experiencia educativa
Durante sus primeros años, el taller funcionó en contraturno y tuvo a los estudiantes como principales protagonistas. Danzas tradicionales, zapateos, malambo y canciones fueron parte de las propuestas que luego encontraron lugar en actos escolares y diferentes encuentros institucionales.
Pero la experiencia también se extendió fuera de la pista de baile. Los alumnos trabajaban sobre relatos y leyendas propias de la región, como las del Yasy Yateré, el Pombero o la Yerba Mate, y recuperaban juegos tradicionales que formaron parte de la infancia de otras generaciones.
Las familias tuvieron desde entonces una participación fundamental. En diferentes actividades y ferias escolares colaboraban en la preparación de comidas regionales como reviro, chipa cuerito o mbejú. Los propios estudiantes asumían luego el papel de anfitriones, explicando las preparaciones, relatando tradiciones y compartiendo sus aprendizajes con quienes visitaban la institución.
De esta manera, el folklore se fue constituyendo como una experiencia pedagógica donde el conocimiento podía ser vivido, representado y compartido.
Una peña para celebrar entre generaciones
Tras el acto académico llegó el momento de la Peña Folklórica, que transformó la conmemoración en una verdadera celebración comunitaria.
Los estudiantes del Taller de Folklore de los turnos mañana y tarde fueron parte de la apertura artística. A lo largo de la noche se sucedieron las presentaciones de alumnos de 4.º A y 4.º B; 5.º y 6.º A; 5.º B; 7.º A; y 6.º y 7.º B, permitiendo que diferentes grupos del Instituto fueran protagonistas de la celebración.
La programación también contó con invitados que enriquecieron la propuesta artística: participaron la Escuela Superior de Danzas de la Provincia, el grupo “El Legado”, profesores de Música y la Escuela Municipal María Luisa Alonso de Zambrano.
El cierre tuvo una característica especialmente significativa: todo el plantel docente del Instituto Jesús Niño fue protagonista de la presentación final, reforzando el carácter comunitario de una celebración que reunió sobre un mismo escenario a diferentes generaciones y actores institucionales.
Más que una sucesión de números artísticos, cada presentación permitió expresar el sentido profundo de la propuesta: detrás de cada danza existe una historia, detrás de cada pañuelo se recupera una tradición y detrás de cada nueva generación que aprende esos pasos existe una cultura que continúa transmitiéndose.
33 años de una tradición que continúa
Celebrar los 33 años del Taller de Folklore significa reconocer una experiencia educativa que consiguió permanecer y renovarse con el paso del tiempo.
Profesores, estudiantes, exalumnos, familias y colaboradores fueron construyendo un espacio en el que la enseñanza de las tradiciones encontró una manera concreta de fortalecer el sentido de pertenencia, la memoria colectiva y el reconocimiento de las raíces culturales.
En tiempos atravesados por nuevos lenguajes, tecnologías y formas de relacionarse, propuestas como esta adquieren además un valor pedagógico particular: permiten que las nuevas generaciones conozcan aquello que recibieron de quienes las precedieron y encuentren nuevas maneras de mantenerlo vivo.
La Peña Aniversario fue, en ese sentido, mucho más que la celebración de una fecha. Fue la expresión de una historia compartida y la confirmación de que el folklore continúa siendo parte de la identidad del Instituto Jesús Niño.
Porque después de 33 años, cada nueva generación vuelve a darle sentido a aquella premisa que acompañó los comienzos del taller: para valorar nuestras raíces, primero debemos conocerlas; y cuando una comunidad las conoce, las comparte y las transmite, la tradición continúa viva.





















